¿Represión o educación?

05-01-2015 | Las estadísticas demuestran que las altas multas no son suficientes para acabar con los conductores ebrios.

De acuerdo a las estadísticas de la Secretaría de Tránsito de Cali publicadas recientemente en este medio, en el año que recién terminó (2014) y con respecto al año 2013, la Ley 1696 o ‘Ley Merlano’, cuyo fin es incrementar el castigo para los conductores ebrios causantes de cientos de lamentables y evitables accidentes, permitió reducir en un 40% el número de comparendos emitidos en Cali a conductores en estado de ebriedad. No obstante este notorio, positivo y alentador porcentaje pierde todo su ‘encanto’ y validez al observar las cifras del Centro de Diagnóstico Automotor del Valle, que indican que durante el periodo comprendido entre el primero de enero y el 30 de noviembre de 2014 se sancionaron un total de 769 automovilistas encontrados con trazos de alcohol mientras conducían un vehículo.

 

Aunque parezca mentira, 328 de estos choferes que son más del 40% del total de conductores borrachos, fueron sancionados por registrar grado 3 de alcoholemia, que equivale a haber ingerido 3 aguardientes o 3 vasos de wiski u 8 cervezas antes de sentarse frente al volante.

 

Lo peor de todo y lo que muestra claramente que el castigo no funciona en nuestro medio, es que hasta el momento de ser publicadas las cifras mencionadas, tan solo uno, léase bien: Únicamente 1 de los más de tres centenares de conductores embriagados al volante ha cancelado la multa de 720 salarios mínimos diarios ($14’783.760 millones el año pasado) con que la Ley 1696 castiga a quienes registren el alto y peligroso grado 3 de alcohol en la sangre. 

 

De esta manera y gracias a los ‘huecos’ que ofrece la jurisprudencia colombiana y a la cultura de no pago de muchos de sus ciudadanos, 327 (el 99%) de estos conductores caleños siguen libres, pese a no haber pagado ni un solo centavo de multa por poner en riesgo la vida de sus pasajeros, otros conductores, peatones y la suya propia.

 

Todo lo mencionado demuestra claramente que la sola publicación de una Ley y la correspondiente represión no son suficientes para acabar con este flagelo que llena de luto y tristeza los hogares de los cientos de involucrados en accidentes de tránsito causados por conductores ebrios.

 

Urgen nuevas medidasPor esta razón, resulta urgente tomar medidas a corto y largo plazo para evitar que las vías nacionales y las calles de las ciudades colombianas se vuelvan impunes para quienes conducen después de cometer la irresponsabilidad de consumir bebidas alcohólicas.

 

Por esto, las autoridades están conminadas a crear e implementar cuanto antes un programa de educación escolar que concientice a los futuros conductores y borre para siempre la cultura aprendida de los padres de mezclar la conducción de un auto con la ingesta del riesgoso alcohol.

 

Así mismo, resulta perentorio modificar cuanto antes las leyes para que nadie pueda escaparse del castigo que ellas imponen. 

 

Solo así podremos tener algún día las vías libres de conductores borrachos y la tranquilidad de saber que podemos llegar a casa sanos y salvos.

 

Cabe anotar que en 11 meses del año pasado los conductores ebrios dejaron 324 muertos y 1.337 heridos (4 x día), muchos de ellos de gravedad.

 

 

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