Incentivos que buscan acelerar la movilidad sostenible
La transición hacia una movilidad más limpia se ha convertido en una prioridad para gobiernos y ciudades en Colombia. En los últimos años, el país ha adoptado diversas políticas públicas orientadas a fomentar el uso de vehículos eléctricos e híbridos, considerados tecnologías de bajas emisiones que contribuyen a disminuir la contaminación atmosférica y las emisiones de gases de efecto invernadero.
Estas medidas incluyen incentivos tributarios, beneficios en trámites vehiculares, facilidades para circular en zonas urbanas y programas de financiación que buscan acelerar la adopción de tecnologías limpias en el parque automotor nacional.
Uno de los pilares de esta política es la Ley 1964 de 2019, que estableció un marco normativo para promover la movilidad eléctrica en Colombia. La norma contempla incentivos económicos y operativos para quienes adquieran vehículos eléctricos o híbridos, con el propósito de hacer más atractiva su compra frente a los automóviles de combustión tradicional.
Entre los beneficios más destacados se encuentra el tratamiento preferencial en materia tributaria. De acuerdo con el Estatuto Tributario y otras normas complementarias, los vehículos eléctricos cuentan con un IVA reducido del 5 %, significativamente menor al aplicado a automóviles convencionales. Asimismo, se han adoptado medidas para disminuir o eliminar aranceles de importación, lo que contribuye a reducir el costo de estos automotores en el mercado nacional.
A esto se suman incentivos relacionados con el impuesto vehicular. La legislación establece que el gravamen anual para vehículos eléctricos no puede superar el 1 % de su valor comercial, lo que representa un alivio fiscal frente a otros tipos de automotores.
Incentivos para circular y reducir costos
Además de los beneficios tributarios, los propietarios de vehículos de bajas emisiones pueden acceder a ventajas en materia de circulación y costos de operación. Entre ellas se encuentra la exención o flexibilización de restricciones vehiculares, como el pico y placa en algunas ciudades, lo que permite una mayor libertad de movilidad en zonas urbanas congestionadas.
También existen descuentos en servicios obligatorios para los conductores. La normativa prevé reducciones en el valor del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT), así como en la revisión técnico-mecánica, lo que reduce los gastos de mantenimiento asociados al uso de estos vehículos.
Estas ventajas se suman a un aspecto clave para los usuarios: los menores costos operativos. Los automóviles eléctricos no requieren combustible fósil y suelen tener menos piezas mecánicas que los motores de combustión, lo que se traduce en menores gastos de mantenimiento y mayor eficiencia energética.
En términos ambientales, el impacto también es significativo. Estudios sobre movilidad sostenible señalan que un vehículo eléctrico puede evitar la emisión de hasta 3,8 toneladas de dióxido de carbono al año, además de reducir el ruido y mejorar la calidad del aire en las ciudades.
Infraestructura y nuevos programas de apoyo
El crecimiento del mercado de vehículos de bajas emisiones también ha impulsado el desarrollo de infraestructura de carga y nuevas políticas públicas. En 2025, el Gobierno nacional anunció medidas para fortalecer el ecosistema de movilidad eléctrica, incluyendo incentivos tributarios y lineamientos técnicos para expandir las estaciones de recarga en el país.
Asimismo, programas específicos buscan acelerar la renovación de flotas en el transporte público. Uno de los casos recientes es la convocatoria del Ministerio de Transporte dirigida a taxistas para reemplazar vehículos de combustión por taxis eléctricos, iniciativa que contempla subsidios y facilidades de financiación para impulsar la transición tecnológica en el sector.
La expansión de estos incentivos coincide con un crecimiento acelerado del mercado de vehículos eléctricos en el país. Según reportes del sector automotor, Colombia ha registrado cifras récord en ventas de este tipo de vehículos, consolidándose como uno de los mercados más dinámicos de la región en movilidad sostenible.
No obstante, el avance también plantea desafíos importantes. Entre ellos se encuentran la necesidad de ampliar la red de cargadores, fortalecer la capacitación técnica para el mantenimiento de estos vehículos y garantizar que las políticas públicas mantengan condiciones favorables para su adopción.
Un cambio gradual en la movilidad
Para expertos y autoridades, los incentivos actuales representan una estrategia para transformar gradualmente el modelo de transporte en el país. La adopción de vehículos de bajas emisiones no solo tiene implicaciones ambientales, sino también económicas y urbanas, al contribuir a ciudades más limpias, silenciosas y eficientes.
En este contexto, los beneficios para los usuarios —que van desde descuentos tributarios hasta facilidades de circulación— se han convertido en una herramienta clave para estimular el cambio tecnológico en el sector automotor.
Aunque la transición hacia una movilidad sostenible aún enfrenta retos, las políticas implementadas en Colombia muestran una tendencia clara: promover el uso de vehículos eléctricos e híbridos como parte de una estrategia nacional para reducir la contaminación y avanzar hacia un sistema de transporte más limpio y eficiente.